sábado, 18 de abril de 2020

A MODO DE APUNTE, ¿Cómo vemos RSU y los BIORRESIDUOS?

Cuando inicie mi actividad en el campo del tratamiento de residuos sólidos urbanos, mi grado de conocimiento ha venido alimentándose de cómo resolver la ecuación economía-rentabilidad y sin dudar opino que el conjunto de contradicciones me ha llevado a considerar que algo importante estamos haciendo mal, qué digo..... muy mal.¿

Cuál es nuestro concepto de la actividad de gestión de Biorresiduos de competencia municipal, en el marco tratamiento de los residuos sólidos urbanos?  En mi modesta opinión solo vemos la parte económica, ahora bien la parte regenerativa de nuestro entorno natural, ¿la vemos? sinceramente creo que no.

En una época donde hemos evolucionado tanto en el campo de la técnica, estamos enterrando en los vertederos auténticas “bombas de metano”, ello demuestra junto a las “islas” de plásticos en los mares que, sin duda estamos frente a un reto, que tiene en mi opinión al menos dos variables determinantes, una la social, concienciar a nuestros ciudadanos que la “basura” familiar es muy revalorizable y por tanto (no solemos tirar monedas por su poco valor, simplemente las cambiamos por otras de valor superior) realizar un acopio selectivo nos puede y debe llevar a rentabilizar estos “productos”, nada de los que auto-producimos tiene valor cero.

De otra parte debemos pedir a nuestros ayuntamientos que implementen infraestructuras que permitan el deposito singular por residuos, en el marco del cambio que suscita la famosa Quinta Fracción, incorporar contenedores soterrados de Biorresiduos supone un gran avance y un significativo ahorro de gestión.

Tenemos un territorio con más de 8000 municipios, 7 Cabildos, 3 Consejos Insulares, 44 Diputaciones, 2 Ciudades Autónomas, 15 Comunidades Autónomas y el Estado, con estos mimbres elaborar una gestión unificada, es cuanto menos difícil, ahora bien armonizar la legislación y realizar un plan estratégico integral podía ser la solución, ello nos llevaría a comenzar por algo importante, si concienciamos a los ciudadanos de que hagan un esfuerzo en la separación, ello debe conllevar que puedan depositarlo en la forma más adecuada.

¿Cómo llevar a cabo los dos puntos expresados anteriormente? ¿Quién y cómo concienciar?

Sin lugar a dudas debemos empezar por el colegio, el núcleo familiar y el social, ¿cómo y de qué forma hacerlo? Quizás la mejor manera es incentivarlo (premiar el reciclaje selectivo por varias vías), sancionar las actitudes insolidarias y concienciar sobre el retorno social y económico de estas actitudes. El elemento clave de donde lo depositan, si hemos dicho que vamos a instrumentar mecanismos de concienciación, debemos evitar el comentario popular “todo lo lleva el mismo camión”, o no tengo donde “depositarlo”, podemos seguir teniendo los mismos tipos de contenedores “tontos”, condicionados por los medios de transporte al uso, e incluso con las mismas plantas de tratamiento que “vierten” más del 60% a nuestros suelos, con lo cual, eso nos lleva a replantearnos casi todo.
Si fue primero el huevo o la gallina, no es mi intención aclararlo, ahora bien si puedo afirmar que si no ponemos medios, la ciudadanía no podrá cumplir su parte.

Analizar con detalle cómo y de qué manera tratar los RSU, sin duda requiere modificar la visión actual que tienen los gestores institucionales, implementar una actuación mixta empresa e institución podía solucionar en parte, ahora bien “desmontar” la visión de que la recogida y tratamiento es un gasto no ayuda, razones varias, la más importantes: no se hacen bien las cuentas, las infraestructuras han de considerarse como una inversión social y su amortización debería plantearse a plazos más amplios, la transformación del conjunto de los actores de estas infraestructuras han de cambiar, si queremos que los ciudadanos vean sus acciones en casa reflejadas en las islas de contenedores.

Iría un poco más lejos en mi apreciación, romper una lanza en favor de la imagen para que estas islas sean “agradables” a la vista y dejen de chocar frontalmente con el entorno, es decir mejorar la imagen ganando al mismo tiempo en efectividad.

Podría decir aquello tan socorrido ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?. Sin embargo, según todos los datos referidos al sector de los RSU, hoy estamos con un retraso importante respecto a donde deberíamos estar, es decir, tenemos un camino no recorrido que se me hace difícil que cumplamos con las distintas directivas comunitarias, no es una visión pesimista solo realista. ¿Qué podemos hacer a corto plazo? 

En el ámbito público el hecho de que desde la Comisión Europea se implementen políticas en el marco del Pacto Verde (por ejemplo el cumplimiento del Libro Verde sobre Gestión de Biorresiduos de la UE) y aquella integradas Contra el Cambio Climático, hace posible que aflore la iniciativa privada que vea estas políticas en el marco de la economía circular y por tanto afronte este negocio como muy viable a largo plazo, ello provocara un impulso a las actuales tecnologías y se mejoraran todos los ratios de manera significativa.

Decíamos antes que la competencia en materia de RSU está muy focalizada en los entes municipales, ahora bien dada la singularidad poblacional, la mayoría de estos municipios se agrupan para la gestión en Consorcios/Mancomunidades, con encomiendas a entidades propias o privadas, dada la características de los entes antes citados, casi cada una tiene una forma distintas de actual y los resultados están a la vista, no cumplimos a tiempo. 

Como bien sabemos de la atomización en la gestión, nacen siempre iniciativas que tratadas en lo singular pueden parecer certeras, ahora bien, yo pienso que son “cortinas” de humo que nos pueden nublar la vista e incluso hacernos ver que ese es el camino.

Un ejemplo: el compostaje individual, bien vale para un tipo de modelo residencial, ojo minoritario en nuestro modelo de hábitat; otro importante, nuestras plantas de tratamiento elaboran un compost que nuestros agricultores rechazan por su alto nivel de micro-plásticos. 

En cuanto al compost individual, como elemento de concienciación bien, ahora su incidencia real es poco significativa y no modifica los ratios valorizables. En cuanto a nuestra plantas de tratamiento y su producción de compost, su nivel de impureza podría ser solventado con una recogida selectiva adecuada y controlada, ¿cómo?, sin duda cambiando los actuales contenedores “al aire”, por otros inteligentes y selectivos. 

Hablar de la repercusión del tratamiento adecuado de los Biorresiduos de nuestros RSU, es plantearnos valorizar el casi 60% de estos, su incidencia económica sería fundamental para el sector agrario, con un impacto en la dependencia de fosfatos y otros derivados minero-químicos, pero es que además implementa sustancialmente un retorno de valor añadido, que hoy simplemente enterramos, para posteriormente convertirlo en metano incontrolado.

Por último ver de una manera distinta nuestra actuación en cuanto a los RSU, desde el ámbito de la producción de alimentos, de los elementos de “usar y tirar” y sobretodo de una no utilización racional de los recursos manufacturados, nos debería concienciar socialmente e incorporar usos y costumbres “nuevas”, que con un apoyo tecnológico hagamos posible no seguir alterando la naturaleza de manera que nuestras “agresiones” sean la excepción y no la norma como ahora. Apoyarnos en la ciencia para mejorar nuestro cada día, respetando el medioambiente de este nuestro planeta.  

Domingo Muñoz López & Eulogio Fernández Verdejo
18 de Abril 2020 

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